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El silencio que estamos pagando

Aprender a conversar desde la otra orilla no es teoría: es práctica y es una de las competencias más urgentes para cualquier líder hoy.

hace 21 horas
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  • El silencio que estamos pagando

Por Caty Rengifo Botero - JuntasSomosMasMed@gmail.com

Hay momentos en los que uno sale de un evento con la sensación de que algo se movió por dentro. No por las cifras, ni por las presentaciones impecables, sino por las conversaciones que por fin se dieron. Así se sintió la 6ª Cumbre por la Equidad, que se llevó a cabo el 21 de abril en EAFIT. No fue un evento cómodo. Y justamente ahí estuvo su valor.

En medio de jóvenes, líderes y voces diversas, lo que realmente marcó la diferencia no fueron las respuestas, sino las preguntas que empezaron a aparecer en voz alta. Preguntas que normalmente se quedan en silencio.

Es fácil hablar de oportunidades, de educación o de empleo. Pero es mucho más difícil hablar de lo que pasa cuando un joven no encuentra un espacio seguro para decir lo que siente, lo que teme o lo que quiere construir. De ese silencio del que nadie se hace cargo. Y, sin embargo, ese silencio termina costando y mucho. Se refleja en deserción, en desconexión, en vidas que se quedan en pausa y en casos extremos de suicidios que pudieron evitarse.

Hay una paradoja que también apareció con fuerza. Colombia no es ajena a estas conversaciones. En el evento se evidenció que hay una generación que sí tiene sensibilidad frente a temas como la equidad de género. La reconoce, la entiende, le importa.

Desafortunadamente reconocer no es lo mismo que abordar: Porque cuando llega el momento de hablar de frente —en el salón de clase, en el trabajo, en la casa— todavía nos cuesta. Como sociedad aprendimos a evitar la incomodidad cuando surge cambiamos de tema, le corremos al conflicto. así, poco a poco, vamos entrenando el silencio.Es por ello por lo que una de las grandes enseñanzas que me dejó la Cumbre es que liderar hoy exige una habilidad que a casi nadie se le enseñó, pero que todos necesitamos desarrollar: saber tener conversaciones difíciles.

Conversaciones donde uno no está de acuerdo, pero decide quedarse, en donde argumentar no es atacar, en donde escuchar no es ceder, sino entender y en donde incomodarse no es fracasar, sino crecer. Aprender a conversar desde la otra orilla no es teoría: es práctica y es, probablemente, una de las competencias más urgentes para cualquier líder hoy.

Porque la equidad —y esto se dijo con honestidad— no se juega solo en las grandes decisiones ni en las políticas públicas. Se juega en lo cotidiano, en una reunión donde alguien interrumpe y nadie lo señala, en una idea que no se escucha, en un rol que se asigna sin cuestionarse. Se juega en las microdecisiones que tomamos, en el lenguaje que usamos y en lo que dejamos pasar.

Por eso espacios como esta Cumbre importan. Porque no se quedan en el diagnóstico, sino que abren algo más difícil: la posibilidad de hablar de lo que incomoda sin rompernos en el intento. De aprender a disentir sin destruir. De formar una generación que no solo sabe identificar los problemas del país, sino que es capaz de sentarse a conversarlos.

Al final, me quedé pensando que tal vez el verdadero liderazgo no empieza cuando alguien tiene todas las respuestas, sino cuando se atreve a hacer —y sostener— las preguntas que nadie más quiere hacer. Y desde ese lugar, la pregunta que nos deberíamos llevar todos no es menor: ¿Cuántas decisiones estamos tomando hoy, en nuestras empresas, en nuestras familias, en nuestras ciudades... simplemente porque nadie se atrevió a decir lo que todos estaban pensando?

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