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A mí me enseñó a juntar vocales y consonantes la señorita Esilda Vahos en su kínder de Berlín-Aranjuez. Este eterno novel aplastateclas le dedicó un libro autobiográfico.
Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com
Una amiga que no he conocido me pide que le ayude a buscar a la maestra que le enseñó a leer. Lo hace a través del siguiente mensaje:
“Buenas tardes, periodista Óscar, respetuoso saludo. Busco de corazón una pista sobre mi profesora de primero de primaria en la Escuela Manuela Beltrán (La Estrella) a mediados de los años 70 (aprox. 1974-1975). Se llama Luz Marina. Era una mujer extraordinaria que me enseñó a leer. Recuerdo un detalle muy suyo: cuando nos enseñaba, solía morderse suavemente la lengua y moverla dentro de la boca.
Un día nos separaron de grupo y yo caí en una tristeza profunda, no paraba de llorar. Al poco tiempo, ella regresó al salón y hoy, luego de tantos años, entiendo que ella volvió por mí. Quisiera encontrarla (o a su familia) para darle las gracias y ese abrazo que tengo guardado hace 50 años. ¿Me podría ayudar? Quedo atenta, gracias. Aleida”. Doña Aleida, ojalá la Virgen de Chiquinquirá de La Estrella se sume a la búsqueda de la señorita Luz Marina.
Otra amiga que sí conozco anda en busca de la hermana carmelita Nazareth Giraldo con quien estudió en el colegio El Carmelo, de Sabaneta. Compartían sueños e insomnios. Naza optó por el claustro; Rubiela cayó en brazos de Cupido Franco.
El Nobel de Literatura, Albert Camus, no tuvo que buscar a Louis Germain, su maestro de primaria en Argel. Cuando le adjudicaron el premio le escribió estas líneas: “He dejado que desaparezca hoy el ruido que me rodea últimamente antes de hablarle un poco de todo corazón. Me acaban de ofrecer un gran honor que no había ni buscado ni solicitado. Pero cuando supe la noticia, lo primero en lo que pensé, después de mi madre, fue en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que le tendió al niño pobre que era, sin sus enseñanzas y su ejemplo, no habría ocurrido nada de todo esto (...) . Esta es al menos una ocasión para decirle lo que ha sido usted y sigue siendo para mí, y para asegurarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que le ponía usted, siguen vivos en uno de sus pequeños alumnos, que a pesar de la edad no ha dejado de ser su agradecido alumno. Le envío un muy fuerte abrazo”. La carta de Camus y la respuesta de Germain están disponibles en el siguiente link dando clic aquí.
A mí me enseñó a juntar vocales y consonantes la señorita Esilda Vahos en su kínder de Berlín-Aranjuez. Este eterno novel aplastateclas le dedicó un libro autobiográfico que se regaló bien: “De anonimato nadie ha muerto”.
Y desde hace unos tres años tengo maestra de inglés. Tiene once años y me hizo la entrevista más tierna del mundo. Se llama Ilona y es mi nieta. Pero ni ella ni yo tenemos prisa: no hemos pasado de window.